Debatiendo sobre un tema que ya no logro recordar, la persona con la que mantenía la discusión al quedarse sin argumentos soltó la siguiente frase: “esto es como el huevo o la gallina” para expresar que el problema no tenía solución. Sin embargo, este recurso evasivo, lejos de terminar con la polémica, abrió una nueva controversia, puesto que le contesté: “sin lugar a dudas, ese problema es sencillo: primero fue el huevo”.
El primer campo de batalla se desarrollo en un plano literal. Mi oponente, considerando que en el enunciado se habla sobre una gallina y un huevo de gallina ordinarios, intentó sostener que sin gallinas en el mundo no contaríamos con los huevos que utilizamos frecuentemente para cocinarnos un huevo frito o una tortilla de papas ya que un huevo no puede salir de la nada. Ante este planteo, respondí que su interpretación, si bien era cierta, carecía de sentido por dos razones: la primera consiste, sencillamente, en que en el enunciado no existe el término “de gallina” para referirse al huevo; segundo, ¿qué sentido tendría preguntar si primero fue la gallina o el huevo de gallina? Cualquier ser con capacidad de raciocinio fácilmente llega a la conclusión de que, si hablamos de huevos de gallinas, primero fueron las gallinas. Es decir, no sería diferente de aquella broma que suele hacerse a personas muy inocentes o despistadas cuando se les pregunta: “¿De qué color era el caballo blanco de San Martín?
A continuación, poco a poco, fuimos acercándonos al campo científico. Mi primer argumento se fundó en que toda gallina es un ave y por definición toda ave es ovípara, es decir, que a diferencia de los mamíferos el desarrollo embrionario se produce fuera del cuerpo de la hembra, o sea, en un huevo. Por consiguiente, ¿podría existir una gallina que no nazca de un huevo? Ante este razonamiento, el defensor de la gallina esgrimió lo siguiente: “Podría haber existido un animal que haya nacido sin ser gallina, aunque muy similar a ella, que debido a una mutación genética condicionada por factores externos como por ejemplo la exposición a radiación, se convierta en gallina en el transcurso de su vida y de esta manera, primero hubiese sido la gallina”. Sorprendido por el ingenioso e intrincado argumento, le reconocí que, si bien lo consideraba algo poco probable, no podía considerar su teoría como algo imposible. No obstante, este animal hipotético que habría mutado convirtiéndose en la primera gallina, cualquiera sean sus características, debió ser un organismo pluricelular como todos los seres pertenecientes al reino animal. Ahora bien, puesto que lo complejo sucede a lo simple y no antes, todo organismo pluricelular se genera a partir de un organismo unicelular llamado cigoto mediante un proceso llamado embriogénesis. Y ¿qué es esta célula inicial o cigoto de la que parten todos los organismos pluricelulares? Sí, es un huevo.
A partir de esta explicación, se afirma que antes de ser gallina, antecesor de gallina o dinosaurio cualquier animal fue primero un huevo. Para no seguir en un debate eterno, y anticipándome a cualquier nuevo intento de desviar el tema a campos mucho más inestables declaré: más allá del huevo está dios o un hechicero. Hecho incomprobable que ambos aceptamos entre risas.